Un San Nicolás en París

Me da vergüenza contar esto, pero es una buena historia.

Hace dos días iba caminando por París. Andaba cerca del Arco del Triunfo, por una calle de tiendas y hoteles lujosos, cuando un italiano, desde un coche, me llamó. «Eh tú. ¿Puedes acercarte?». Pensé que estaba perdido, que necesitaba una indicación, y que era una buena oportunidad para ayudar a alguien y sacar a relucir, de paso, algunas palabras de mi pobre repertorio en italiano. Pero el tipo no estaba perdido y me salió con la siguiente historia:

– Ah, eres argentino. Perfecto. Porque entre italianos y argentinos nos entendemos. Además el Papa Francisco me cae muy bien, así que te voy a hacer un regalo. Mira. Acabo de terminar con una exposición de ropa aquí en París. Tengo que volver a Italia en 3 horas. Debo devolver este automóvil de alquiler y tomar el avión. Pero no puedo llevarme toda esta ropa de vuelta. Es mucho peso y no tengo espacio. Además, es ropa que la empresa ha regalado para la exposición y creo que los dos nos podemos beneficiar de ello. ¿Me entiendes? Son 3 camperas de piel original que cuestan 1000 euros cada una. Dame 100 por cada una y arreglamos. Después las vendes.

– No gracias, no tengo 300 euros -le respondí. Pero insistió:

– ¿Cuánto tienes?

– Tengo 100 nada más -y esperé. El tipo hizo una pausa, pensó, dudó y al final aceptó.

– Está bien. Pero sólo porque me caes bien y porque se acerca navidad.

Miré las camperas rápido, le di el billete y me fui contento pensando en la suerte que había tenido. «Feliz Navidad», alcanzó a saludar el tano.

Ahora escribo. Acabo de llegar al departamento después de intentar vender las camperas en las tiendas de compra-venta. Pero, obviamente, como el lector ya lo sospechará, no funcionó. En la primera que entré el tipo me la cantó clarita:

– No, olvidate, eso es trucho. No te las agarro ni aunque me las regales. ¿A dónde las compraste?

– A un tipo en la calle por 100 euros -dije amargado-. Era un italiano -añadí.

– Ah, sí, son los italianos que hacen eso. Seguro que te dijo que salía de una exposición de ropa y que… (etc) -se conocía el verso completo-. Pero quedate tranquilo. Hay gente que pierde mucho más dinero que vos. Tomalo como una experiencia. De todo se aprende.

También me dijo que podía recuperar el dinero, que no eran malas copias, y que alguna tienda podía darme lo que había perdido. Pero el sólo hecho de imaginarme yendo por ahí intentando vender algo falso me deprimía más aún. Le agradecí y me fui.

Siempre había escuchado sobre historias de estafas en la calle y no entendía como la gente caía en algo así. Y ahora me había pasado a mí.

En el camino de vuelta, mientras pedaleaba con toda la bronca, pensé en qué hacer, en cómo sacar algo bueno de esa situación y que no sea dinero. Y con el frío que hace acá en París, terminé cayendo en lo más obvio: donarlo a una de las tantas personas que todas las noches duermen afuera en la ciudad de las luces. Así terminé encontrando a Nicolai.

Nicolai se fue de Rumanía hace 35 años. Se fue para intentar olvidar lo que pasó: su esposa y sus cuatro hijos fallecieron en un accidente de tránsito. Con un pequeño equipaje y un dolor inefable a cuestas desembarcó en España, a donde trabajó durante 15 años hasta que la crisis económica del país ibérico lo dejó en la calle hasta hoy, 20 años después. Luego, en un resumen que me avergüenza, llegó a París.

Le pregunté si le interesaba unas camperas de regalo, aclarándole de que eran falsas. Me dijo que sí, que andaba necesitando. Cuando abrió los paquetes se sonrió, me miró y me dijo: «Sabes una cosa: justo hoy, 6 de diciembre, es San Nicolás, y tú vienes y me haces este regalo. Gracias».

Después de esas palabras toda mi angustia desapareció.

Y por esas cosas que para quien escribe se agradecen, Nicolai vestía de Papá Noel, y regalaba a cada niño que pasaba algunos dulces y a cada dama un bonjour. Una especie de parábola que había comenzado con un Feliz Navidad de un italiano que no regalaba nada.

¡No se ha encontrado la galería!

 

 

9 comentarios en “Un San Nicolás en París”

  1. Qué bella historia Andrés…..nos sigue enseñando que no tenemos que amargarnos por lo que hacen los otros sino valorar nuestro sentimientos y actitudes que no representan otra cosa que nuestra ética en la vida.

  2. Hace muchos años en nuestro país solían pasar por las chacras en los campos, y hacían esos cuentos siempre de una manera distinta, como distinta era la mercadería. Pero tu historia tuvo un lindo final, pudiste hacer sentir mejor a una persona, no perdiste, ganaste mucho, un beso.

Deja un comentario