El diario (5): Tengo las costillas rotas

En China comencé a escribir un diario, a veces para recordar el pasado y otras para hablar del presente, o todo junto. Ahora, un año después, me decido a publicarlo en pequeñas entregas /

intentando agarrar un camion con la bicicleta
Fotografía que sacó Damian «Jamerboi» Lopez cuando nos encontramos en Kirguistán. En ella estoy intentando agarrar un camión. No es China pero para ilustrar este momento del diario es una imagen perfecta.

28 de agosto del 2016, en algún lugar de China /

Hoy me levanté destruido. Me siento muy cansado y acumulo varios problemas físicos. El más complicado es un dolor fuerte en las costillas, producto de una caída con la bicicleta, la primera en todo el viaje. Chau invicto. Fue un lindo palo, y todo porque quise agarrarme de un camión en una subida. Ya me había agarrado de varios que me salvaron unos cuantos kilómetros de sufrimiento, lamentablemente no tantos como quisiera, porque como Clémence queda atrás me da culpa y me suelto antes. Pero este venía un poco rápido. Y cuando giré la cabeza para atrás y lo vi venir, pensé que se me escapaba. Pero apliqué unas revoluciones de pedal furiosas, estiré el brazo y llegué a agarrarme de una soga que servía para atar la lona. Fue en ese momento cuando el camión me tiró para arriba tan fuerte que perdí el control y me fui directo al piso. Me hice pelota. Ahora me duelen las costillas y creo que tengo una fractura. Tengo que ir a un hospital para hacer una radiografía. Así que como decía, pocas ganas de comenzar hoy, pero igual no queda otra.

Estoy cansado de esta vida miserable. Estoy cansado de sentirme sucio, impresentable, sudado y pegajoso. Estoy cansado de usar siempre la misma ropa durante meses y meses: mato por un jean y una camisa nueva Estoy cansado de la comida local que es horrible y grasosa: toman leche de caballo y hacen te de manteca ¡Pero a quién se le ocurre! Estoy cansado de armar la carpa, desarmar la carpa, armar la carpa, desarmar la carpa, armar la carpa, desarmar la carpa, armar la carpa. Y estoy cansado de dormir en la carpa, y de dormir mal, y de levantarme a la mañana con el cuerpo presentando la renuncia porque el día anterior lo castigué durante 80 kilómetros y ni siquiera le doy un buen colchón para descansar.

Las subidas son interminables. Tres, cuatro horas a 6, 7, 8 kilómetros por hora. Se avanza lento. Cuando empecé me gustó: tuve los días más felices de mi vida. Y ahora me sigue gustando, pero también me gustaría estar en una casa, volver todos los días al mismo lugar, que alguien me espere, ¡tener una maldita rutina!

Inconformista.

Ahora pienso que las personalidades son complejos. Que no miento cuando digo que viajar en bicicleta es genial. Pero hay dos personajes que luchan dentro de mí: el que está cansado y el que sigue viviendo un sueño.

Tengo que seguir avanzando. Setenta kilómetros más. Mañana quizás ochenta. ¿Y la vida es eso no? A cada nuevo día encontrar la fuerza para avanzar un poco más, y otro poco más, una pequeña meta todos los días. Sobrevivir, encontrar un techo, encontrar comida, encontrar algo de comodidad, una pizca de confort.

¡China! ¡Dame una pizca de confort!

Esta mañana un tibetano me preguntó por qué tomo agua fría. ¡Qué pregunta! Aclaro: para ellos agua fría es agua natural, agua de la canilla. Yo no sabía que responderle. Ellos toman agua caliente. Dicen, escuché por ahí, que es saludable.

Cuando voy arriba de la bicicleta pienso en una Coca Cola con mucho hielo.

Casi todas las noches que acampamos veo una película. A veces me da culpa porque pienso que podría hacer algo más útil con todo ese tiempo. ¿Pero qué voy a hacer? Si a la noche estoy muerto de cansancio. Además, eligiendo bien, hay películas muy buenas. Acabo de ver Spotlight, sobre un grupo de periodistas de un periódico de Boston que se dedican a hacer investigaciones. Y ahí andan, estancados con una historia media floja que no avanza ni apasiona. Hasta que llega un nuevo editor al diario, un judío, y les propone abandonar todo lo que estaban haciendo y empezar a investigar el abuso de menores cometido por curas católicos. Al principio los periodistas están un poco fríos. No se enganchan mucho. Pero después empiezan a comprometerse, y mucho más cuando descubren que de 1500 curas que había en Boston, al menos 87 habían cometido abusos de menores. ¡El 6 % de los curas! Parece poco, pero no lo es.

¡Cuándo será el día que la iglesia católica se deje de joder con el celibato!

Muy buena película.

Y ahora a dormir. Y mañana a desarmar la carpa una vez más. Y a comenzar un nuevo día, cansado, mal dormido y con las costillas rotas por hacerme el piola con un camión.

Calavera no chilla.


Seguiré con el diario la próxima semana, más o menos. Para recibir un aviso de publicación puedes dejar tu dirección de correo acá abajo.


2 comentarios en “El diario (5): Tengo las costillas rotas”

  1. Hola Andrés! Animo! Que las rutinas son así,yo he podido viajar en bicicleta pero no por periodos tan largos como vos,y me ha pasado que en los momentos difíciles de un viaje extraño la normalidad que te brinda la rutina que la mayoría conoce,y en esa rutina extraño lo anormal lo que te dio experiencias distintas y vivís a otro ritmo. Creo somos así! Saludos y a disfrutar la posibilidad de vivirlo

  2. Vamos Andres a seguir la marchay a tener mucho cuidado. No hace mucho tiempo en la ruta 33 km 65 a un ciclista que hacia lo mismo que vos lo paso por arriba un camion . Siempre que veo tus fotos imagino lo duro de los dias y la rutina que tienes, ahi comprendo que uno busca el confort en lo que mas le gusta hacer y por mas que las cosas cuesten uno las hace con gusto. Un abrazo amigo . Espero poder verte en Argentina,darte un abrazo y compartir un asado. Eso si … ver que parentezco tenemos tambien . Saludos desde Goyena , prov de buenos Aires

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